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OPINIÓN: ¿Por qué yo no puedo votar a Vox?

logo-opinic3b3nReproducimos, por su interés, este magnífico artículo de opinión de:

J. Raúl Marcos

Psicopedagogo y orientador familiar

¿Por qué yo no puedo votar a Vox?

España es un país devastado, y a conciencia. Se lo han querido cargar y poco queda ya. Pero lo que no se entiende es que los que se supone que conservan algún principio y tienen algún criterio sano, apoyen la destrucción de lo que queda de España y de dignidad, votando a políticos que siguen la hoja de ruta de la masonería y del nuevo orden mundial o al menos le hacen el juego, son hipócritas y embusteros. Hasta ahora había que explicar (¡qué triste!) porqué un católico o cualquier ciudadano de bien no debía votar al PP. Ahora hay que explicar también por qué no votar a Vox (y todavía habría que explicar a algunos por qué no votar a Ciudadanos, a UPyD o a IU, pero eso lo dejo, que la paciencia de uno tiene un límite).

Yo no puedo votar a Vox básicamente por los mismos motivos por los que no puedo votar al PP. En resumen, dicen defender la vida, pero en la práctica no se comprometen a derogar toda ley del aborto, por lo que de facto son abortistas. No se comprometen a defender la familia natural (en su defensa de la «libertad individual» se puede esconder desde el ‘matrimonio’ homosexual o la poligamia). En consonancia con esta postura, Vidal-Quadras ha lanzado unas declaraciones que se pueden interpretar en clave de defensa de la eutanasia. Y en cuanto a la cuestión económica su liberalismo social se convierte en una amenazante postura liberal radical, con la que puede que algunas empresas y sobre todo la banca prosperen, pero que no es la manera de recuperar a la depauperada clase media española, a la que se están cargando (y yo añado que a propósito).

Al respecto, cuando en la rueda de prensa de la presentación de Vox una periodista de Servimedia preguntó a Abascal: «Me gustaría preguntarle cuál es su concepto de familia, si cambiaría o derogaría la ley del aborto, si en ese concepto de familia entran las parejas de hecho y las familias homosexuales», la respuesta de Santiago Abascal fue: «No voy a emitir opiniones personales. Nosotros estamos presentando hoy un proyecto político importante, en el que hemos debatido intensamente sobre cuáles son nuestros valores, cuáles son nuestros principios, y no hemos entrado todavía en todas las materias, pero nosotros creemos por encima de todo en la libertad individual. Y en cuanto al concepto de familia yo podría decirle cuál es mi familia, pero yo eso creo que no tiene más interés. Lo que sí puedo decirle es que la contestación en relación con la cuestión del aborto, que usted planteaba, como no se trata de una opinión personal, le cederé la palabra a la persona que iba a intervenir sobre esa cuestión». Sus palabras se interpretan por sí solas.

En cuanto al aborto, una titubeante Cristina Seguí reprodujo los eslóganes calculados que se había aprendido (puesto que ha repetido casi las mismas palabras en sucesivas entrevistas en los medios), y tras repetir que el aborto es un drama y lo terrible que es que haya tantos abortos al año, sobre la pregunta (si Vox cambiaría o derogaría la ley del aborto) espeta un lacónico y dubitativo: «(…) La propuesta de ley del gobierno elimina la concepción del aborto como un derecho y además añade criterios médicos para el cumplimiento estricto de la gestación. En este sentido nos parece… nos parece bien. Lo único que nos extraña es la falta de consenso interno ya que es un… bueno, venía en su programa electoral. Al final, esperemos ver en qué queda todo». Luego pasó a atacar a la izquierda y hablar de políticas preventivas de apoyo a la mujer y la maternidad. Se puede colegir de sus palabras que Vox se identifica con el PP en este tema, o al menos no ha dicho nada diferente.

Es decir, les parece bien una ley abortista, como la de Gallardón, a la que tratan de dulcificar diciendo con falsedad que «elimina la concepción del aborto como un derecho y además añade criterios médicos para el cumplimiento estricto de la gestación». Miren, señores de Vox, la ley de Gallardón podrá dejar de llamar al aborto «derecho», pero con esa ley quien quiera abortar podrá abortar como hasta ahora o incluso con más facilidad, pues el supuesto del riesgo psicológico es un coladero universal, y encima esta ley amplía el plazo en relación a la ley de Aído, es decir: lo que hay detrás de esta ley no son «criterios médicos» sino más bien «económicos» para mantener un negocio macabro. Es cierto que propone la firma de dos psiquiatras en vez de uno, pero si antes los abortorios no han tenido dificultad alguna (porque además no había ni inspecciones) para tener las firmas que necesitaban para cumplir el expediente, con la ley de Gallardón encontrarán los mecanismos para seguir encontrando esas firmas, no lo duden.

En fin, que tenemos un lenguaje ambiguo, calculado, para engañar a posibles votantes «de derechas» o incluso católicos. ¡Pues vaya regeneración que pretenden, si defienden lo mismo que ya tenemos y usan las mismas formas y engaños!

Las palabras de Vidal-Quadras en relación a la eutanasia fueron: «Un adulto no sometido a coacción y dotado de poder cognitivo y analítico, tiene derecho a adoptar medidas que considere conducentes a su bien individual si al hacerlo no causa daño a los demás«. Vemos aquí nuevamente que no pasan de ser indigentes intelectuales, liberales que promueven el más craso egoísmo y sin concepto de familia, de sociedad, de país, de bien común, y ni por asomo algo que tenga que ver con la doctrina social de la Iglesia. Por cierto, que en cuanto al modelo de Estado, por si alguien piensa que al menos eso lo tienen claro, Vidal-Quadras también defendió como una posibilidad «una confederación con País Vasco y Cataluña». ¿Confederación de quién con quién? Todavía no ha explicado qué quiso decir. Cuando dicen que es necesario suprimir las autonomías, luego en la práctica no proponen algo que sería coherente con esa postura como realizar un referendum para que los españoles votemos si mantener las autonomías o suprimirlas. No, dicen que poco a poco hay que ir recuperando competencias. ¿Cuándo, cómo? Me temo que hablan por hablar, pero no porque les interese realmente España, sino su puesto en el juego político, como otros más de la casta del sistema. Ya se sabe, el sistema tiene que producir elementos novedosos para que parezca que cambia algo sin cambiar nada realmente, y renovar las esperanzas y el apoyo de los oprimidos ciudadanos a un sistema corrupto y perverso, pervertido y pervertidor.

Pero por cierto, hablando de la casta política, en Vox no vemos más que miembros de la misma. Básicamente es un partido montado por políticos profesionales que se arroga legitimidad social, cuando no ha nacido de la base, de la sociedad. Entre sus dirigentes tenemos dos clases, siguiendo un símil del mundo de la «restauración»: los «cocineros» y los «camareros». Los primeros son los que cortan el bacalao, los que saben cómo se monta un partido y los que ponen los ingredientes, los que dictan qué se cocina y cómo. Éstos son básicamente dos personas: El primero es Ignacio Camuñas, miembro desde 1976 de la Internacional Liberal (de la que llegó a ser vicepresidente), cofundador de la UCD y líder de su ala liberal, ministro del gobierno de Suárez,  y más recientemente le vemos en cargos muy propios de miembros de la casta política: en los años 90 representa a España en la UNESCO, y desde 1999 preside el «Centro de Fundaciones». No se sabe si cuando en Vox denuncian todas las Fundaciones montadas por la casta política para vivir del erario público lo dicen por propia experiencia o porque les ha dado un arrebato de sinceridad. Tanto Camuñas como Abascal tendrían mucho que decir a este respecto.

El segundo «cocinero» es Luis González Quirós, un hombre cercano a Suárez y más tarde asesor de Aznar, para quien escribía sus discursos políticos. También fundó la revista de la FAES, la Fundación del PP de la que ha sido parte del consejo asesor.

Con estos «cocineros» y su trayectoria, cabe preguntarse: ¿es posible esperar algo regenerador para el bien de España de tales cabezas, al servicio siempre del sistema? ¿Es posible suponer buena voluntad y espontaneidad en este proyecto, si sus «cocineros» son personas de confianza de los que han estado siempre en el poder o aledaños? ¿No cabe pensar que son alfiles serviles al sistema a los que ahora alguien les ha encargado una nueva tarea, el montaje de un partido político para ocupar cierto espacio y dejar todo en manos de los mismos y evitar que otros con una voz verdaderamente clara, nueva y regeneradora puedan entrar en escena y denunciar desde dentro del sistema (sin ser del sistema) las componendas de la casta política?

Ahora vamos con los «camareros«. Presentan cuatro. Para el primer plato, las elecciones europeas, han buscado un camarero veterano, con buena imagen, que parece no haber roto un plato, un hombre leal a los dueños de los restaurantes, que con impostada dignidad aparece como indignado con la deriva de Rajoy. Los motivos de Vidal-Quadras para salir del PP producen sonrojo. De repente este señor se ha dado cuenta de que las políticas del PP van contra la unidad de España y contra la política liberal (y en este caso necesaria) de bajar los impuestos. Pues tarde se ha dado cuenta. No le debió parecer relevante en su momento que en 1996 Aznar hizo todo y más para complacer a Arzallus y a Pujol y cimentó el desastre que vivimos, además de denominar a ETA «movimiento vasco de liberación», y así podríamos seguir con cada aspecto de la política seguida por los gobiernos del PP.

Pero claro, aunque su cabeza rodó como líder del PP en Cataluña, a petición de Pujol, le buscaron buen acomodo primero en el Senado y rápidamente en Europa (¡ah, qué bien se vive en Europa!), donde es todavía uno de los vicepresidentes del Parlamento y donde el 14 de enero de 2009 votó a favor del aborto como un derecho, de la adopción por parte de homosexuales, de la eutanasia y hasta de la legalización de las drogas. Un miembro de tal relevancia e inoperancia para el bien en el Parlamento Europeo tantos años no puede serlo si no es «agradable» a la eurocracia masónica que controla la Unión Europea, y está totalmente deslegitimado para presentarse ahora como regenerador de no-se-sabe-qué. Por cierto, ni habla de defender los intereses de España en Europa… ¿se trataba de eso en estas elecciones? Primer plato servido: entrantes para meter al Partido en las instituciones, servidos en Bruselas. En fin, un «camarero», un mandado, que ha vivido del presupuesto público colocado en el restaurante del PP desde 1987 y que ahora se pasa al restaurante de Vox con 69 años, para seguir presentando los mismos platos. ¿Otro fiel al sistema, buen pagador de tantos favores recibidos, encargado de una última tareílla?

Dos platos más, servidos por camareros más jóvenes y apuestos, los tenemos por parte de los bien parecidos Cristina Seguí y Santiago Abascal. Había que poner ante el público a rostros con tirón, de esos que captan clientes. Maquillaje, sonrisa, y cámaras. Lo que digan no es tan importante, a fin de cuentas, para eso están los cocineros, para marcar el menú. Seguí, como «diseñadora gráfica» debe saber lo que hace. Lo importante es el tirón entre el sector del sexo contrario, o vaya a saber usted de qué sexo, que Vox es gay-friendly. El hecho de que ambos sean divorciados puede suponer un plus de esperanza para los y las fans más soñadores y «liberales». En cuanto a Abascal, otro peón (que no alfil) del sistema, que desde los 20 años ha vivido a cuenta del partido, y que cuando ya no tuvo sitio en el parlamento vasco, Esperanza Aguirre lo llevó a Madrid y lo puso a dedo a cobrar de Fundaciones de dudosa necesidad y eficacia, pero es que los campeones del liberalismo se olvidan de sus principios cuando se trata de administrar los dineros públicos en su beneficio. Entre su cargo de director de la Agencia de Protección de Datos de la Comunidad de Madrid y su puesto (¡cuántos puestos!) de director de la Fundación para el Mecenazgo y Patrocinio Social (también gracias a su mentora liberal madrileña), Abascal puede estar embolsándose aproximadamente unos 130.000 € al año de dinero de los madrileños, amén de otras «chapucillas» por ahí. No se conoce que haya causado baja de sus «funciones» y por tanto de recibir estas regalías, en estas Fundaciones.

De postre tenemos a otro camarero florero. Ortega Lara presenta la cara amable del partido, capaz de hacer pensar sólo con su presencia que «este partido es el de los buenos«, para quien tenga amplias tragaderas y no pregunte mucho por los ingredientes ni por la cuenta. De postre, porque no va a presentarse a cargos importantes, quizá sea candidato al ayuntamiento de Burgos, como mucho y porque tampoco tienen mucho más entre lo que elegir. Pero ya ha afirmado que no está para platos pesados. Da pena el hombre, vestido con este delantal verde. Casi tanta pena como otras víctimas del terrorismo que se han lanzado a apoyar al gobierno de Rajoy. ¿Síndrome de Estocolmo, enajenación mental? ¡Vaya usted a saber!

Con estos ingredientes, comprenderán ustedes que los platos que se sirven en este restaurante provocan más que empacho o empanada mental, serios problemas para la salud, y si las autoridades competentes velasen por el bien del pueblo deberían advertir de los peligros de la ingesta de semejante producto. ¡Yo no trago! Yo sólo me pido la defensa clara y firme de los principios no negociables en política que definió Benedicto XVI, vinculantes para los católicos y asumibles por cualquiera con dos dedos de frente y un mínimo de buena voluntad. No es ése el menú que sirve Vox.

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Esta entrada fue publicada en abril 22, 2014 por en IMPULSO SOCIAL, J. Raúl Marcos, OPINIÓN y etiquetada con , , , .

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